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“Ella” Enrique Espejo Aguila.

Escribir

Ayer, un completo extraño… aunque eso dependería de la correcta definición del término… bueno el caso es que alguien que solo conozco de manera virtual realizó un par de comentarios positivos sobre mi trabajo escribiendo y, como es tradición entre nosotros, también me dejó tarea: ahora comenzar a leer poesía, agregando algunos autores y trabajos que van acorde conmigo.

Siendo sinceros, me hizo el día. Siempre he tenido (y creo tendré) un problema de seguridad con mis trabajos y, mi autoestima no ayuda mucho al hacerme creer que lo que hago no vale la pena. Aunque personas cercanas a mí hagan comentarios prometedores, les resto valor pues, son personas cercanas a mí, debería entenderse que deberían hacer esos comentarios, o tal vez la pauta sea hacer comentarios negativos para mejorar, o quizá sí son buenos trabajo… y así es comienza el gran debacle del pensamiento, con todos esos errores pues a propósito, les he plasmado un pequeño trozo de mí.
Me debato en inseguridades y, en el hartazgo, busco perderme, apagar el cerebro y dejar de hacer eso. Así se explican mis largos lapsos de poca productividad.

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Fantasía – Perifoneo.

Nueva ciudad para mí. Abandonada hace poco más de 6 años, y en estos meses he intentado adaptarme a tan peculiar ritmo de vida. Es complicado. Tiene un fuerte defecto, hay mucho ruido. Ya ha provocados múltiples dolores de cabeza y un nivel estrés que pocas veces he sentido en mi vida.

Decidí hacer algo productivo con ello; ponerme a escribir al respecto.
Estoy intentando formar parte del equipo de trabajo del periódico local, así como lo fui en la anterior ciudad. Para lograrlo además de mostrar mi anterior trabajo añadí un par de ideas nuevas, entre ellas lo que verán aquí.
En dos secciones explicar la problemática local, una fantástica que, además de mostrar los extremos imaginables, atrape al lector y lo obligue a leer. Tomando en cuenta que en esta generación el exceso de información nos obliga a ser rápidos y concretos, escaneamos eso que buscamos y nos interesa en lugar de leer un articulo completo. Pues con está modalidad la idea es atraparlos en el relato para después, en el anexo a realidad manejar el asunto de manera más “seria”… más aburrido pero hay gente que así lo prefiere.

Así que les presento la primera propuesta lanzada al periódico local (aún no aceptada), tomadlo como un relato más de los que escribo aquí. Y como siempre espero sus comentarios, críticas y sugerencias. Solo soy un aficionado que le gusta esto y así, destrozandome, es la única manera en que aprendo a ser mejor. Espero contar con sus comentarios. Gracias.

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Juego de niños.

Una semana atrás conocí una interesante anécdota sobre los jóvenes de hoy, y carajo ¡me sentí muy viejo! Me sorprende las facilidades que tienen y la ceguera ante los problemas de sus acciones. Me tomó una semana asimilar, pensar, digerir todo lo que conllevaba esa peculiar e “inocente” anécdota. Esto es un destello de lo que pasó por mi cabeza, supongo será fácil distinguir lo real de lo imaginario, no me preocupe por maquillarlo mucho, quería sacarlo de mi sistema. Aquello, lo más trabajado sigue en mi cabeza a que me llene de paciencia y me ponga a escribir esa larga historia que estoy maquinando. Por lo pronto os dejo el siguiente relato, espero sus comentarios.

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“El camión”. Enrique Espejo Aguila.

Había dejado de escribir por razones que ni yo mismo comprendo. Lo extrañaba. Leer a King, la narración sencilla, la lectura fácil me recuerda lo mucho que me gusta y, algunas veces, me animo a recordar lo mucho que me gusta intentar escribir así. Viajar en autobús me a trastornado, son tantas las personas que “conozco”, muchas las historias que se narran en esos últimos chismes del día, contados sin el menor pudor que, era inevitable montarlos todos aquí con un esos tintes negros que tanto me gustan a mi. Y como siempre, aunque a veces lo abandone lo suficiente como para que la palabra pierda sentido, os pido sus comentarios, críticas, recomendaciones y opinión sobre lo aquí escrito, soy un remedo de escritor que pretende… creo ser simplemente eso, un remedo de escritor. Pero consciente del constante mejoramiento me atrevo a pedirles ayuda, espero contar con su apoyo. Leer más…

Gelatina. Colaboración para “Letras Raras”

Letras Raras es uno de los maravillosos descubrimientos hechos a raíz de las redes sociales, en este caso en Twitter. Los encontré, francamente no recuerdo cómo pero de inmediato me atraparon con su revista semanal repleta de buenos e interesantes relatos, después descubrí que habían publicado un libro recopilatorio; no lo dude, me comunique con ellos y lo adquirí. Aprecio de manera desmedida la lectura y no se diga los proyectos que intentan acercarla a la gente en este país, es por ello que no me cuesta mucho decidirme a colaborar, en esa ocasión con dinero para comprar el libro y, ya con el valor suficiente, con algunos de mis relatos.

Al parecer algo bueno… o al menos algo no tan malo he de tener que al fin pude ver una de mis colaboraciones publicadas en su revista. Intentar describir la alegría sería muy complejo, me quedaría corto y no me creo capaz de poner en palabras esto que me embarga. Así que paso directamente al relato, con las mismas indicaciones de siempre, comenten, opinen, critiquen, destrocen, solo así aprendo y de verdad quiero aprender a hacer mejor en esto.

Nota adicional: Ahora que lo releí con la publicación, me di cuenta de infinidad de errores de distintos tipos, lo copio tal cual apareció en la revista por respeto a ella y el pésimo trabajo que hice al revisar mi obra. Aún así, no duden en señalar esos errores, soy de las personas que necesita muchos gritos para entender lo que a simple vista no capto. Gracias.

El relato tras el salto:

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Domingo en la playa.

La cerveza se ha acabado. Carajo esto no hubiera pasado de estar con alguien.
Al vecino le da por barrer su propia jaula y tengo que simular que bebo, no pretendo dejar de darle la espalda, ni siquiera por la vital necesidad del vital líquido, que regresaría la vida a este lugar.

 

-Sí, un cartón de cuartito. Sí, preparado, mucho hielo. A mi depa cabrón pero… a la azotea, busca el cuarto 10… ah mmm me lo apuntas ¿no? Ando bien quebrado.

 

Dejo que me escuche, creo haber impreso el tono suficientemente alto con tal de lograrlo. Ambos podemos estar enjaulados, prisioneros a la voluntad de una maquina pero yo estoy en la playa, con agua salada a mis pies, una última cerveza en mi mano, vacía, espero aún no lo sepa, y un cartón más en camino. No, no somos iguales. Ahora música. El celular comienza a sonar estridente, tan bajo como solo él puede, maldito.

 

Se fue, gané el juego de ignorarnos. 3 años en los departamento y sigo siendo el campeón invicto. Se largó en el momento justo, la espalda ardía, la garganta seca y yo como un idiota refrescándola con vapores alcohólicos ardientes ¡y la maldita agua ya no refresca!
¡Qué se pudra!
La maquina hacía tiempo que había terminado, ahora puedo liberarla de su carga y reemplazarla. Será un día largo cariño.
El vapor se eleva por el suelo al tocar el agua, húmedo, mojado, colores vivos en el suelo y una fresca brisa retoma la fantasía. Busco una nueva sombra, relleno la tina y la endulzo con dos puñados de sal comercial. Aquí es el momento donde tocan la puerta y mi tarde se vuelve perfecta. Culera vida, llevas años jodiendo mi realidad.

 

Edificios altos, más que yo. Encerrados dentro de sus cuartos acondicionados. ¿Acaso vas a la playa y no sales del hotel? Imbéciles.
Me levanto y frente a ellos, sosteniendo la mirada a la hermosura que descansa del sexo mirando por la ventana, para ella, por ellos, dibujo una línea con mi orina, la frontera de mi nación, prohibido pasar… cuando logro terminar una impresionante “S” la “P” y la “U” han desaparecido. Le sostengo la mirada al sol y su soberbia, levanto mi fría y deliciosa cerveza y le espeto “Puto”

 

La tercera carga finaliza y ya era hora, las palmeras perdían la batalla y su sombra se bate en retirada, se volvía necesario sembrar muchas más.
Mezclilla, mojada y aun escurriendo, el cartón va por la mitad y solo falta una lavadora más. Esto es vida.

 

Pizza, cerveza y… la muy perra en la playa. Aquí tiene a su pendejo. 3 días de pizza, de la misma pizza. No es record pero podría ser el comienzo de algo bueno. ¿Cuántos cartones debo? ¿A los cuántos se pierde el crédito? ¿Yo lo sabía? ¿Y la comida?

 

Otra invasión, en el folleto decía claramente playa privada. Al menos la visión no es tan obesamente desagradable.
Ya son un par de días que no se dejaba ver, vecinita… Cuando más la necesitaba, vecinita… Imagínense; una cama enorme, una soledad tremenda, una mano juguetona y una cortina que se niega a abrir, vecinita… Ya media semana y usted tan… solita… vecinita…

 

Ah que cabrona es la vida, todo llega en su momento y a veces hasta al mismo tiempo.
La lavadora, una idea, una erección, la culpa, la deducción, el olor, la inspiración y el valemadrismo siempre achacado al alcohol.

 

-Que bien huele. Apuesto que es de su cocina. Le cambio un taco por una cerveza, vecinita…

 

Enrique Espejo Aguila “Esagui”

Sí, la imaginación es cabrona, los últimos actores son más cabrones y te dan buenas ideas, perdido y encerrado en una azotea, solo faltaba papel y lápiz para que resulten una raras lineas.
Destrozadme señores, solamente así aprendo, dejen sus comentarios, críticas, opiniones, sugerencias, denme con todo.

 

El final del día.

La tarde, como el sol, caía pesada y trabajosamente dando paso a una noche que amenazaba con la ausencia de frescura.

Las piernas lastimadas se unían al coro quejumbroso dirigido por una espalda tostada por el sol, un cuerpo negro, cansado, exprimido. Un día normal de trabajo.

Caminaba por un parque invadido por niños risueños y joviales. Para ellos esas tardes eran cálidos días de verano. “No maduren, no pierdan el amor por las pequeñas cosas”. Le dije con la mirada a un pequeño que se aferraba a un más pequeño perro que luchaba por saltar y correr por el lugar.

Llegué a la esquina del parque, justo al final de la canción reproducida en mi viejo aparato musical. Dejaba atrás la jungla de colores con su verde predominante para cruzar la primera calle de muchas que forman a la jungla de concreto.

Los autos, veloces, devoradores del tiempo, preferían huir en estampida a dejar escapar un segundo a cambio de la seguridad de un sucio viejo.

Un destello, un rápido tono café cruzando mi mente. Una canción comienza a sonar pero no puedo oírla, mi sentido es arrastrado por la voz de un pequeño. El instinto levanta mi mano para hacerse notar y…

Encontré mi viejo reproductor en la esquina, aún sonando aunque no puedo ver qué, la caída volvió irreconocible la información en la pantalla. Descubro la mirada horrorizada de una mujer frente a mí, pasajera de un gran vehículo escruta mi rostro, lo toco, me contagio del cálido líquido, miro mi mano, sangrante, sin dolor, viva, cubierta de un rojo vivo desprendido de mi rostro.

Se veloz. Espero vieran mi mano levantada, no puedo comprobarlo, mis ojos se concentran en el niño y mi cerebro los hace girar un metro delante; el cálculo, la suposición. Mi cuerpo vuela a ese lugar y se estrella con el pequeño, lo envuelvo, intento saltar a la seguridad lejos de la calle pero las luces me gritan que fallé. Rígida la espalda, aflojo el abrazo, debe rebotar en mí. Miro el parque por última vez y cierro los ojos.

Mi rostro se enciende, la calidez inunda la mitad de mi cara, algo salió mal o muy bien, sigo en…

La mole toca mi cadera, intento avanzar pero en más rápida, ya va por mi espalda, algo salado llega a mi boca. No veo, no escucho, no siento, vuelo, llegó el momento.

La posición fetal que me trajo a la vida me saca de ella, con una vida entre mis brazos que me aferro a dejar aquí.

El frío cemento, lo siento.

El duro cemento, me rompe.

El suave movimiento, regreso.

Estoy solo.

La muchedumbre se acerca, es algo triste, terrible, un niño llora, vio a su amigo morir entre las ruedas de un feroz animal de la jungla. ¿Dónde está mi música? Dos semanas de medio sueldo y aún no lo termino de pagar, no lo puedo perder.

La sangre roja, cálida, vital, extinguiéndose con cada rayo de sol que la carcome, no es mía.

Difícilmente puede caminar, la gente no abre paso a un vejestorio, cansado, renco y con el rostro sucio. La conmoción está detrás de él, dos camionetas a mitad de la calle, un niño desconsolado y su mascota masacrada debajo de las ruedas. Una tragedia en la gran ciudad.
Mañana, el inicio de su ausencia laboral, entre gritos y ofensas por su irresponsabilidad será el último recuerdo que se tenga de él.

 

Enrique Espejo Aguila “Esagui”

Una noche de insomnio y repaso de mi día, la imaginación juega a desvirtuar y empeorar aquello que por fortuna salió bien.

“La sangre se hereda, el vicio se apega” Enrique Espejo Aguila.

Habiendo participado en el concurso PENUMBRIA DIEZ y ahora ya publicada la revista correspondiente, creo puedo publicar aquí el texto que mande para esta ocasión, espero os guste.

Igual que la ocasión anterior también lo subí a Novelistik una plataforma de la que ya hable. Les pido, sí son parte de ella, se den una vuelta dando click aquí y apoyen para seguir creciendo.
También les suplico me dejen sus comentarios, criticas, sugerencias o cualquier cosas tanto positiva o negativa, pues solamente de esa manera podre seguir haciendo cosas interesantes, para seguirlas mostrando por este medio. Gracias.

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“En el cuarto” Enrique Espejo Aguila.

¿Puedes creerlo? ¡Necesitaba su cuarta pelea! Realmente la necesitaba.
No sé de donde llego, quizás estaba ya ahí cuando llegué, nunca presto atención a los detalles, solo estaba cansado y quería un lugar para poder tomar. Entonces se me acerco, me comenzó a hablar. Decía que lo necesitaba, que estaba jodido, totalmente jodido, lo sabía porque él estaba igual. Oye no sé de donde salió pero me estaba jodiendo ahí, yo no quería hablar, quería sentarme y tomar, solo, pensando.
Pero él quería pelear, le hacía falta, lo necesitaba. Contó que había tenido 3 peleas en su vida, dos de ellas cuando niño. Una la detuvieron antes de arrojarse el primer golpe, un maldito profesor. La segunda, la gano por default, nunca se presentó el cobarde y nunca lo volvió a buscar. La tercera la había tenido con su esposa hace dos noches y desde entonces vagaba por la ciudad. Pero necesitaba su cuarta pelea, él quería una más, y me insultaba, ¡me hostigaba! ¿Qué debía hacer? Callar y largarme, no, esa era mi mesa.

Lo empuje, estaba cansado de escucharlo. Los vasos cayeron y seguido de ellos nosotros, empujados por el grandulón de la barra que nos miraba hace horas.
El aire era fresco, viejo. Sentir la sangre en mi boca por la caída me hizo sentir muy bien, no recuerdo haber peleado en mi vida, pero ese bastardo me hizo sentir que era el momento. Saltaba eufórico, gritaba y me señalaba, ¿qué más podía hacer? Solté el primer golpe que dio de lleno a su cara y comenzó a saltar alrededor de mí, buscaba golpearlo pero estaba vez no podía. Había bebido más de la cuenta y no podía. Pude hacerlo tropezar con mi pie y cayó de lleno al suelo. ¡No metió las manos!, viejo. Entonces estuvo sobre él, le rompí el rostro. Se sentía bien, esa fuerza desconocida, la sangre brotando, mi ropa empapada y mis nudillos ardiendo.

Y el no dejo de sonreír nunca, es más, se fue sonriendo, nunca supe cuando se largó. Uno de sus dientes fue el que me despertó y lo vi ahí…no sé qué veía, pero me sentía bien, viejo. Corrí, durante 3 días corrí y luche, se sentía bien. Nada importaba, tenía dinero el bastardo, sirvió para encontrar a otro y pelear, al día siguiente otro y fueron 3, viejo. Necesito mi cuarta pelea.

Pero la euforia se fue. El tercero corría, no luchaba, no reía, no se enfurecía, solo corría. Eso me mató, viejo. Me trajo de nuevo todo. Y no tenía dinero. No podía seguir tomando, no podía hacer nada. Solo buscar, buscar, pero no había euforia, se había largado, corriendo con él. Viejo, necesito la cuarta pelea. Él sonrió, ¿por qué?, ¡necesito mi cuarta pelea! Pero no debo, estoy volviendo a sentir.

Comenzaron a correr al unísono, la furia invadía sus ojos, sus puños se cerraron y se lanzaron adelante, las piernas cansadas de tanto caminar dieron lo último de sí y gastaron sus últimas energías en un salto hacía el frente. Se sorprendió por lo certero de su puño chocando justo frente al del enemigo. Y la imagen se fragmento en un destello brillante, miles de luces rebotando la luz de un único foco en la habitación. Su cuerpo lacerado por miles de pedazos de vidrio atravesó el espejo con que cubrió la ventana. Antes de tocar el suelo con su rostro sonrió, solo él lo supo. Se desfiguro, nadie pudo reconocerlo y fue a parar a la fosa común.

 

Enrique Espejo Aguila. “Esagui”

Fin. La llamada de Cthulhu.

Extremadamente corto. Tenía que empezar así, pues realmente me quede con esa sensación, incluso hoy un par de días después de haberlo terminado, sigo pensando que la historia da para más, que podría seguirse ampliando y hacerla mucho más interesante, me quede con la sensación de que algo más sigue.

Es la historia de un personaje que a la muerte de su tío se ve rodeado de sus cosas y se sumerge en el mundo de este raro personaje, al encontrarse con un cajón especial cerrado con llave comienza la aventura de la historia de un peculiar culto, tan antiguo como el hombre mismo o quizás un poco más y lo lleva a vivir una de las aventuras más raras y extrañas que su imaginación pudo haber creado y todo esto desde las letras de su tío, pues en el cajón descubrió cantidades enormes de papeles, notas, datos, historias, declaraciones y demás letras que le cuentan esta historia, haciéndolo dudar de su propia de seguridad y creer que correrá la suerte de su tío, morir de tan extraña manera que hace dudar si realmente fue un accidente o alguien quiere seguir manteniendo este culto tan secreto como sea posible.

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