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La campesina. Alberto Moravia.

(La entrada inicial y reseña a este libro es esta única entrada)

Primero aclarar que este no es el libro al que me refería en la entrada anterior. Continuando un poco la anécdota, el camarada que me dejó el libro por el cual me sentí estafado, regreso minutos después y me dejó un nuevo libro; le había encantado, era de sus favoritos y, aunque le molestó el libro llevara una ruta y al final se fuera por otra completamente diferente, siendo más jodida, le parecía una buena recomendación para hacerme.
Después de haber terminado el primer libro no confiaba del todo en su opinión. Sin embargo decidí leerlo pues solo así podría criticar completamente su gusto por la literatura, y mira, resultó una interesante sorpresa.

La campesina es una mujer que se casó joven sin sentir mucho cariño por su ahora marido, y nunca lo tendrá. Se mudaron del campo a la ciudad (Roma) donde pusieron una tienda de víveres en la primera planta y un hogar en la segunda. Una vida monótona pero de la cual logró obtener, al sobrevivir a su marido, una capacidad para los negocios y una hermosa hija; a los ojos de su madre todo un ángel, tanto en pensamiento, obra y espíritu.

Con la guerra más cerca y los negocios siendo cada vez más difíciles, pero aprovechables para obtener buenas ganancias, decide dejar la ciudad para trasladarse al campo, a la villa de sus padres. Llevando parte de sus grandes ahorros podrá pasar un par de meses con ellos y sufrir menos por la escasez de alimentos pues “en el campo siempre hay comida”, es ahí a donde se dirigía de contrabando cuando ella requería surtir su negocio.

Durante el recorrido en tren son obligadas a detenerse antes de llegar a su destino; el tren tiene que regresar a Roma, lo ordenan los militares. Abandonadas en el camino a su suerte junto a decenas de personas que también escapan del horror de la guerra en la ciudad, madre e hija se ven en la necesidad de caminar, subir a las montañas, a las viejas poblaciones que su mamá cree recordar y buscar alojamiento para después continuar con su viaje.

Es en una de esas paradas cuando descubre que el pueblo de sus padres fue desalojado por la guerra y los pobladores mandados a campos de concentración o a realizar trabajos en el frente. No tienen opción más que buscar un lugar en las cercanías, junto a los montañeses, quienes no se ven muy contentos de recibir a más gente y compartir sus pequeñas viviendas, pero el dinero siempre mueve montañas y logra conseguir un pequeño lugar junto a una variada comunidad de refugiados.

Ahí es cuando comienza la aventura. Una aventura lenta y que parece que no va a ningún lado pues, literalmente, madre e hija no pueden salir de ese pequeño entorno donde no hay nada que hacer. Despertar, bañare cuando es posible, desayunar, dar unos pasos fuera de casa, comer, salir a tomar el sol, cenar, ir a dormir, comenzar un nuevo día.
El enclaustramiento no da para más en esas pequeñas montañas.

Sin embargo, aunque nuestros personaje tienen pocas “acciones”, es su evolución y la de los personajes secundarios que los rodean, los que engrandece al libro. Ser testigos de cómo todo cambia, desde lo simple como el valor de las cosas, de la comida, hasta la propia mentalidad, dejando de importar aquello que, tiempo atrás, sería esencial para ellas. Con el tiempo solo importa la sobrevivencia, y aunque no se quería admitir desde inicio, la propia sobrevivencia debe estar sobre los demás. Con pobladores en su mayoría campesinos, es decir, humildes, de poco entendimiento, menos educación pero fieles a las buenas y viejas costumbres, la transformación y desconfiguración de estos logra impactar en el lector. Lentamente sale a flote la pregunta ¿qué hubiera hecho yo?

Aunque la lectura en algunos puntos se siente cansada por no haber demasiada “acción”, la introspección lograda por el autor sin apenas darnos cuenta, sumada a las pocas pero variadas situaciones fuera de la rutina, hacer que queramos seguir leyendo. Nos esperanzamos como los mismos personajes con ver, al pasar la siguiente página, la entrada de los ingleses y con ellos el retorno a los tiempos de la abundancia.
Atrapa, sí. Pero de una manera diferente, como pocas veces lo había visto en otros libros. En más de alguna ocasión me llegué a sentir en una especie de El diario de Ana Frank pero en un contexto/versión italiana.

 

Recuerdo sentir una pasión por la segunda guerra mundial desde poco antes de mis 18 años; videojuegos, libros, lecturas varias, investigación en internet, películas. Todo se sumaba a sentir ganas de vivir una guerra, de gozar ese enfrentamiento y las posibilidades (sí, como todo joven) de un “qué tal si” que hubiera cambiado todo.
En algún par de ocasiones se me presentó un argumento a contra corriente (curiosamente con personas de mi misma edad en ese momento), que ahora con el tiempo puedo sintetizar en una frase “La guerra es atractiva para aquellos que no la han padecido”.
Y es que sí. Tristemente para mí y mis extremismos, ya no puedo salir de los puntos intermedios. Las incontables lecturas me han llevado a lograr colocarme en los zapatos de otros con mucha facilidad, tanto que me es muy difícil tomar partido por un bando sin tratar de comprender completamente al otro. Con la guerra, con la Segunda Guerra ahora me sucede lo mismo. Ya no la deseo con tanto anhelo. Aunque me sigue atrayendo el evento en sí.

La campesina es un excelente libro para conocer ese otro lado de la guerra. El alejado de los disparos, los actos heroicos, las grandes estrategias o las tomas/destrucción de una gran ciudad ante las imponentes fuerzas. Aquí encontramos al pueblo, a ese que siempre se llevan entre las patas en un conflicto y en el que poco se piensa o considera. Ese que sufre, del que se abusa, el que intenta sobrevivir y sobre el que pasan sin miramientos los soldados, propios o ajenos, buscando su propia sobrevivencia.
Puedo entender porque quieren evitar o prohibir libros como Mein Kampf de Hitler, libros/videojuegos violentos sobre guerra, disturbios sociales o simplemente de “violencia desmedida”, todo ellos y más puedo entenderlo. Pero de la misma forma deberíamos promover lecturas como La campesina, me parece que así como los anteriores pueden o no tener efecto sobre las personas (no entraré en esa discusión), libros de esta categoría puede, con un poco de suerte, ayudarnos a no cometer los errores del pasado. Una apuesta difícil pues no se tiene la certeza funcione, pero con un caso que sea positivo bien valdrá la pena el esfuerzo.

Una recomendación total por parte del blog. Curiosamente esto cambia un poco la percepción del personaje que me lo prestó. Aunque aún queda pendiente tener una conversación con él para discutir algunas cosas y claro, ver qué clase de personas es la que me está recomendando este libro.
Se los haré sabe en un anexo en esta entrada en cuanto ese evento se lleve a cabo. Estar atentos.

 

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