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Fin. La ciudad que el diablo se llevó.

Contraportada La ciudad que el diablo se llevó(Los comentarios iniciales los puedes encontrar aquí)

Insistiré en esta entrada también; David Toscana fue un grato descubrimiento en El ejército iluminado, un libro que considero de los más tiernos, y a la vez plagados de un humor negro que lo hace… mmm… adorable a su propio modo de ser. Una recomendación obligada.

En La ciudad que el diablo se llevó también encontramos esa peculiar escritura repleta de acidez y un humor negro y simplón que inevitablemente te hacen reír, volver a releer y de nuevo sorprenderte por las actitudes o comentarios de los personajes. Algo único y que poco a poco va marcando su peculiar estilo (es el segundo libro que leo del autor).

¿Qué pasa en una ciudad arrasada por la guerra? Una ciudad violentada y destruida por los Nazis. Liberada y ocupada por el ejercito rojo. Una población donde hay más muertos que vivos, donde tan solo vivir es motivo de una celebración, donde… no hay nada que hacer, lo único posible se hace de manera involuntaria y no es muy satisfactorio; respirar. Oh claro, también se puede beber, y beber por litro y litros, acabar con el alcohol del mundo si es preciso. Amanecer un día más aquí es una celebración, y en esos días, no se puede desperdiciar cualquier oportunidad para hacer… lo que sea… como beber, por ejemplo.

La historia comienza con la curiosa unión de nuestros héroes; “… wir sind vierundfünfzing” fue la frase que sin saberlo, incluso ni quién la mencionó, les permitió ver de frente a la muerte, ser señalados por ella y ¡abofetearla! Saliendo indemnes de ahí.
¿Acaso estar cerca de la muerte justifica el beber en exceso? Tal vez no, pero si esa no es una buena razón ¿entonces cuál sí? jajaja

Entre los escombros de un viejo café los desconocidos bebé, conversan, filosofan, se conoce, se descubren amigos en el fondo de las botellas. Son ellos quienes narran las peripecias de una guerra que llegó a ellos sin apenas sentirlo, sin saberlo la destrucción ya estaba ahí, las bombas caían y todo cambiaba.
Varsovia destruidaEs bajo sus ojos que descubrimos a la Varsovia de la guerra y sus personajes que apenas pueden habitarla. Un sacerdote… ¿castigado? Abandonado por la iglesia, bajo una lucha constante en encontrarse y definir su fe. Un “cara niño”, de un pensamiento simple y atrayente, forma de vivir que le permite pasar los días sin problemas o preocupaciones pero que le atrae, sin percibirlo, mayores dificultades. Enfrentarlas se vuelve en un ciclo vicioso del que no parece le disguste estar. También tenemos al invasor de departamentos olvidados, el eterno enamorado de una mujer comprometida con su pasado y la fantasía de su futuro. Él, que siempre está dispuesto a hacer todo, pero termina por no realizar nada por las más variadas razones. Y finalizamos con el sepulturero del pueblo, el mejor narrador en esos tiempos, aquel que convive con los vivos como con los muertos, ese que todos respetan, incluso el enemigo, porque hacer lo que nadie quiere o puede, ese trabajo del que él está orgulloso y glorifica al punto de… creerle, al menos yo, lo grandioso que es poner bajo tierra a lo que alguna vez fue Varsovia.

En el libro encontraremos las peculiares desventuras de los días de la guerra y post-guerra en una ciudad destruida y una población devastada; afectada en todos los sentidos, siendo nosotros testigos de los resultados de las crueles condiciones. Al menos eso quiero pensar, tanto desatino y tintes de locura no pueden ser de gratis, aunque… si lo fuera, me enamoraría más de los personajes.

Cada uno de ellos está delimitado por su peculiar personalidad, a ella se aferra el autor, y al licuarlo con los otros desequilibrados, surgen las situaciones más cómicas jamas imaginadas. Es ahí donde Toscana se luce con su humor negro, cruel y algunas veces fuera de lugar, pero que caen tan acorde en los personajes que no podemos más que sonreír con sus peripecias.

¿Qué refleja o intenta plantear? Pues no creo sea nada más un libro bajo un intento de hacer reír, eso tiene que ser secundario. Una guerra desola, corroe y desarticula absolutamente todo. ¿Cómo comportarse, cómo reaccionar, cómo mantener la cordura? Eso creo es lo vital de la novela.
Las nimiedades cobran relevancia. Las cosas importante pierden sentido. Retomo frases del inicio; vivir y celebrar por estar vivo, así de simple. Al día siguiente una bomba puede caer sobre uno. Una bala perdida puede encontrarlos como objetivo. Una enfermedad los puedes carcomer.
¿Reconstruir, levantar una piedra sobre otra? Para qué, todo se perdió, todo se perderá para siempre, si no es por los Nazis será por los Rusos. ¿Acaso algo importa?

David ToscanaLa intromisión del autor a la mente de los personajes, apretujando y exponiendo sus fortalezas y debilidades, da una pequeña porción de lo que podría ser un general en toda la población. Y lo hace de excelente manera, con filosofía y lucidez en ciertos momentos; generalmente cuando la borrachera está en su apogeo. Con banalidades y sin sentidos la mayor parte del tiempo, casi siempre, creo yo, para entretener al lector, divertirlo y atraparlo, motivándolo así a seguir la lectura y descubrir un mundo que no es más, un lugar apartado y tan extraño para nosotros. Un intento no por recordar, es un recurso muy utilizado, es para imaginar en lo que podríamos caer y, si vemos lo periódicos últimamente, es eso de lo que no estamos tan lejos.
¡Yo quiero ser el cara de niño! Divertido, iluso, sin sentido hasta el final, viviendo, siendo como es y quiere ser, no pidiendo nada, si acaso, un cuento más, uno con trágico final.

 

Una recomendación total, para ambos libros que he leído y recomendado de Toscana. Autor mexicano que merece toda la promoción posible pues, aunque su trabajo habla por él y está siendo reconocido en múltiples latitudes, hace falta hacerlo más aquí, en su tierra, aquí donde no se lee lo suficiente. Y para ello, nada mejor que autores tan divertidos, interesantes y nacionales. Nacionales al final, aunque se debe apoyar lo hecho en casa, debemos hacerlo con aquello que valga la pena (como es el caso) y dejar de manera secundaria lo fortuito de compartir un trozo de tierra con él.

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. 29 enero, 2016 en 11:55 AM

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