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Fin. Sumisión. Michel Houellebecq.

Portada de Sumisión(La entrada inicial y reseña a este libro es esta única entrada)

Hoy por hoy en mí país (México) está a la orden del día la lucha por más derechos civiles, principalmente aquellos que corresponden al grupo de los homosexuales. Mi postura, sería ilógico no mencionarla, es que tienen todo el derecho del mundo; la constitución no hace distinción de hombre o mujer, usando las palabras de Morelos; “sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud“, a lo largo de los años, y las constituciones, esa premisa se ha mantenido más o menos igual. Siendo un gran aporte a las leyes mexicanas no veo porque no seguirla al pie de la letra en mi vida.

Todo ciudadano del país tiene el derecho de contraer unión con quien así lo desee. Y, en el caso de buscar tener bajo su cuidado a un pequeño miembro de la sociedad, se debe tener el correcto apoyo psicológico para los ciudadanos y el pequeño, no porque ellos lo necesiten, es en prevención a los prejuicios que puedan encontrar ante una sociedad no preparada ante estos nuevos cambios.

Me gustó, de verdad que me gustó. ¿Pero qué pasa con aquella sociedad que no se ve identificada con lo que acabo de escribir? Incluso ¿qué pasa si la aceptación de esos nuevos derechos es vetada por mayoría? Sin importar quien sea la minoría no dejan de ser ciudadanos y también tendrán derecho a que se escuche su voz y luchar por una sociedad acorde a sus principios. Entonces ¿la democracia no es perfecta? ¿Qué debe pasar con aquellos que no estén de acuerdo con el rumbo que toma su país; abandonarlo, intentar cambiarlo, resistirse, la única solución es la sumisión?

Aunque con un gran retoque por cuenta propia, de eso va el nuevo libro que cayó a mis manos.
Soy un hombre de rutinas, lucho contra ellas pues no considero esa forma de vivir del todo correcta, pero me cuesta mucho. Por las mañanas, algunas veces acompañado con un café o a la espera de mi hermano para ir a por uno a la calle, veo la televisión; un peculiar noticiero con un tientes irreverentes, pero lo acepto ha perdido mucha de su fuerza desde que cayó en los canales principales y auspiciado por la gran televisora que el mexicano común considera el mismo diablo.

El mañanero tiene un programa interesante para los viernes, como penúltimo bloque tiene a políticos de las más importantes facciones en el país, y discuten temas de actualidad. Interesante y entretenido, además un poco informativo. Y luego llega el momento esperado por mí, las palabras de Brozo (conductor disfrazado de payaso) dan pie a la última sección …y nos preguntamos ¿qué está leyendo Javier Aranda?

De Aranda admito que conozco poco, fuera de su participación en el programa y sus excelentes recomendaciones literarias poco me he informado sobre él y, recapacitando sobre ese “problema” mientras escribo aquí, me pongo a pensar que ya es justo que investigue más, es un personaje que vale mucho la pena.

Para el programa del que hago referencia la lectura en curso fue Sumisión de Michel Houellebecq. Un libro del que ya había escuchado por la trágica coincidencia con los acontecimientos contra Charlie Hebdo (Aquí pueden leer mucho más al respecto)

La coincidencia no fue más que eso y, ahora que he leído el libro, puedo respaldar esas palabras. Pero en este mundo enfermo y triste, situaciones como esas llaman al morbo y facilitan la eficacia para obtener dinero de ese gran vicio de la humanidad.
Dejando claro eso, y evitando así entrar en controversia por los comentarios contradictorios del autor al respecto, pasemos a reseñar el libro.

Sumisión.inddLa aventura comienza cuando nos hace creer que se trata de un libro de tintes geopolíticos; nos es narrada una Francia a unas décadas en el futuro, en donde los grupos musulmanes involucrados en la política comienzan a tener más poder. Todavía pequeños en cuestión de votos y escaños políticos obtenidos, pero poderosos en coalición pues, los grupos grandes, los siempre dominantes, están cayendo en desgracia; la gente está cansada, siempre lo mismo; mal gobierno, crisis, desempleo, y gobernantes que parece son hechos con el mismo molde.
Así, a paso lento pero firme, comienzan a tomar posición las piezas para poder vislumbrar una posibilidad de alcanzar la presidencia de Francia, y con ello grandes cambios que ya comienzan a atemorizar a la sociedad. ¿Impondrán su religión? ¿Los valores morales cambiarán? ¿Los Judíos, grupo siempre afectado, correrán algún riesgo? ¿Esto es el futuro?

En la voz de un catedrático de una de las universidades promedio, vamos reconstruyendo su vida y la Francia del futuro; una vida dedicada a la escuela, después la Universidad, luego una maestría, sigue una tesis, algo importante, relevante, de otra manera es imposible lograr un buen puesto de trabajo en el ámbito de las letras ¿pero que puede ser? O escritor o catedrático. La docencia es el fin de su camino pero ¿luego qué? ¿”Durante” qué? Vida monótona, aburrida, solo vivir para morir.

Los acontecimientos políticos toman, aunque luchó contra ello, peso sobre su vida. De llegar el partido musulmán al poder las cosas cambiaran; solo aquellos que profesen esa fe podrán dar clases en instituciones privada. Tomando en cuenta que el plan, en caso de ganar las elecciones, consiste en reducir el nivel de escuela auspiciada por el gobierno hasta niveles básicos, lo que significa que los primeros pasos de los niños deberán ser laicos por decreto constitucional. Los pasos profesionales serán obtenidos en instituciones privadas pero, con los musulmanes en el poder, las mejores escuelas estarán patrocinadas por naciones “amigas”; los petrodólares entrarán con todo su poderío para comprar la fe de los maestros; duplicar o triplicar el sueldo a cambio de profesar la fe y así poder dar clases, o una jubilación prematura con excelentes beneficios a aquellos que la acepten y así tener la oportunidad de traer maestros del extranjero que apoyen la difusión de la doctrina musulmana en los jóvenes franceses.

Sectores económicos y sociales cambiaran también de manera drástica, sin embargo los más relevantes para el libro son los que afectan al protagonista directamente. Lo sé, un comentario demasiado obvio pero es un pivote, denme tiempo.
Es ahí cuando comienzan los problemas. Casi a medio libro, justo cuando la monedad está en el aire y en caída libre para la decisión sobre la presidencia, nuestro protagonista “huye” de todo, y con ello la trama da un giro. En lugar de retratarnos la geopolítica y cómo afectaría un cambio a un país como Francia (cuna de los derechos civiles), y el efecto mundial que esto podría significar, todo se aísla, se pierde, comenzamos con la búsqueda de uno mismo, una crisis existencial que… desespera… pero solo porque no conocemos el final.

Yo que esperaba un libro de tintes más políticos me encontré furioso con el giro presentado, no entendía que pasaba y solo esperaba el “aquí viene. Aquí va a pasar algo” pero nada acontecía. Todo era introspección a la vida del protagonista, las comparaciones con escritores franceses, la manera de vivir, sobrevivir a un mundo cambiante y la inmortal lucha contra la soledad. Una vida de preparación y podía perderlo todo. Sin amigos, sin pareja, con amantes que se habían escabullido de su vida, igual como llegaron, y esa chica que le importaba, ahora a la distancia lo sabía, se encontraba lejos de ahí ¿o es el abandono el que habla por él?

La segunda mitad del libro es la lucha del individuo que, a mi parecer y en retrospectiva, puede ser la imagen de un pueblo, de una Francia que no sabe qué hacer. El pequeño “monstruo” cambió, dejó el extremismo para tener paciencia y apostar por pequeños pero decisivos pasos en la política, usando y aprovechando las reglas que nosotros (la sociedad occidental) impusimos para poder tener poder sobre nosotros. Demostrando una nueva cara se les brinda una oportunidad, teniéndolos en el poder se dejan seducir por el poder de los petrodólares, y su nueva cultura, se descubre que no es tan mala como se pensaba.

Luego de una moral fragmentada, donde todos merecen respeto, apoyo y soporte. Donde tienes que tolerar todo lo nuevo o aquello traído del pasado. Donde te tienes que adaptar a nuevas ideas, la destrucción de las viejas costumbres y manera de ver y vivir la vida. Donde, si no eres parte de la mayoría tienes que aceptar a sí porque sí lo que imponga. En un lugar donde todo tiene que ser políticamente correcto y nada puede afectar los cientos de nuevas reglas morales que hemos impuesto. En un pequeño mundo donde es complicado existir, descubrir quién eres o lo que quieres llegar a ser, a ese mundo llegan los musulmanes con orden y estructura, donde nada puede salirse de lo impuesto. Una nueva forma de vivir a la cual, si se le permite, si le conoce, no es tan distinta a la manera occidental y aquello que sí lo es, no es tan malo como se nos dibujaba.
A una cultura de desorden llego la estructura.

Ese es el debate y cuestión del libro. Así como intenté expresar al principio; ¿qué pasa cuando nuestra libertad es cortada por la de otros? ¿Dónde quedó eso de que mi libertad comienza donde termina la del otro? ¿Por qué debo soportar ideas ajenas a mí? ¿Mi definición de moral debe ser flexible por la moral de otras personas?
Al finalizarlo no me enamoré del Islam, si acaso ahora coqueteó más con esa religión. Así como leí la biblia (entre otros textos) para poder comprender al cristianismo, me parece que debo investigar más para poder comprender a profundidad esa religión. Sigo firme en mi idea del “Esagismo”; religión inventada y modificada constantemente por mí, esto a causa de no cuadrar totalmente con el agnosticismo.
Lo anterior no era necesario compartirlo, el libro toma como excusa a Francia, el futuro y el Islam para contar ese gran problema que ve en las democracias y la sociedad de hoy en día. Sin embargo es inevitable no dar mi opinión sobre religión siendo ésta el tema central del libro.

Contraportada del libro "Sumisión"Es el primer libro que cae en mis manos de Houellebecq y como siempre lo hago, luego de mis investigaciones para poder escribir esta entrada, descubrí o entendí un poco porque no es su mejor libro. No podría secundar esa opinión por obvias razones, pero me quedó con la suficiente curiosidad y el buen sabor de boca como para seguir consumiendo su obra en busca de esos libros que son mejores que éste.
Si consideramos que Sumisión me gustó mucho por el tema complejo que se atrevió a abordar y la peculiar manera de hacerlo, poniendo como cereza del pastel el hecho de que te deja pensando y extrapolas lo ahí dicho a casi cualquier problemática de nuestra localidad. Claro, destacar el fallido intento por adentrarse en la soledad del individuo, una aproximación que iba bien encaminada pero que, a mí parecer, es sacrificada por darle más énfasis al tema central adaptarse o morir; pues esa es la clave de la situación que nos plantea, estamos dispuestos a agachar la cabeza y sacrificar nuestra vida por una que se nos presenta mejor o ¿huiremos y moriremos en el exilio?

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