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Fantasía – Perifoneo.

Nueva ciudad para mí. Abandonada hace poco más de 6 años, y en estos meses he intentado adaptarme a tan peculiar ritmo de vida. Es complicado. Tiene un fuerte defecto, hay mucho ruido. Ya ha provocados múltiples dolores de cabeza y un nivel estrés que pocas veces he sentido en mi vida.

Decidí hacer algo productivo con ello; ponerme a escribir al respecto.
Estoy intentando formar parte del equipo de trabajo del periódico local, así como lo fui en la anterior ciudad. Para lograrlo además de mostrar mi anterior trabajo añadí un par de ideas nuevas, entre ellas lo que verán aquí.
En dos secciones explicar la problemática local, una fantástica que, además de mostrar los extremos imaginables, atrape al lector y lo obligue a leer. Tomando en cuenta que en esta generación el exceso de información nos obliga a ser rápidos y concretos, escaneamos eso que buscamos y nos interesa en lugar de leer un articulo completo. Pues con está modalidad la idea es atraparlos en el relato para después, en el anexo a realidad manejar el asunto de manera más “seria”… más aburrido pero hay gente que así lo prefiere.

Así que les presento la primera propuesta lanzada al periódico local (aún no aceptada), tomadlo como un relato más de los que escribo aquí. Y como siempre espero sus comentarios, críticas y sugerencias. Solo soy un aficionado que le gusta esto y así, destrozandome, es la única manera en que aprendo a ser mejor. Espero contar con sus comentarios. Gracias.

Sonidos

 

Fantasía – Perifoneo

 

Sopló dos veces sobre la taza de café, estaba hirviendo, si no sentía que le quemaba la boca no era un buen café. La segunda de una serie de tazas, las suficientes para mantenerlo despierto y enfocado para un día de trabajo.

Un potencial cliente se hizo presente. Observaba por todos lados, buscando “algo”, no accesible a la vista al parecer.
¿Por qué carajos no se limitaban a preguntar? Está muy bien que lleguen y vean, nunca se sabe cuándo algo les puede llenar el ojo, pero cuando buscas algo en específico, y en él se notaba que ese era el caso ¿no es mejor preguntar y ya?

Comenzaba a ofuscarse, no había sido una semana buena. Trató de apartar el mal humor y volvió a sumergirse en el aroma su café cargado, sonrió al anticipar el amargo sabor despertándolo desde el interior. Se dispuso a beber y…

-Amigo disculpa…

-Arrggg!!!! –La irrupción lo sacó de su adelantada fantasía y en el rápido regreso al mundo real sacudió demasiado el brazo, el café derramado en su mano inundó todo de un ardor apenas soportable. -¡Carajo! ¿Qué quiere?

-Oh… perdón. Oye tendrás… esa cosa que va en el celular… la que se conecta con… bueno para la compu pero también… bueno ¿cómo se llamaba? Es que ya había cotizado y… es un cable así como…

-¡No, no tengo, estoy ocupado! ¿Qué no ve? –Le pulsaba con cada paso de la servilleta sobre su piel.

Una moto pasó furiosa por la calle y lo ensordeció todo. El cliente dejó de serlo, se molestó y le dijo algo que se perdió entre el ruido de una camioneta con el sonido a todo volumen; con los bajos a máxima potencia. Los estantes vibraron, la mercancía comenzó a bailar al ritmo de los pulsos, revisaba todos con miradas rápidas, esperaba nada se cayera, otra vez. Los movimientos volvieron a derramar más café y las maldiciones se vinieron en tropel, está vez sin un blanco, el cliente había desaparecido.

-¡Maldita sea! Hijos de…

Otra moto más. De menor potencia (la pudo ver pasar frente a su local por la baja velocidad) pero con mayor ruido, pareciera que ahorrar dinero y comprar una buena moto era un desperdicio, lo mejor era quitar el escape para que se escuchara como las grandes y monstruosas máquinas a las que no podían acceder.

Se encerró en el baño para tratar la mano herida bajo el chorro de agua fría. Afuera comenzaba el día laboral, motos, vehículos, ¡bicicletas, carajo! Bicicletas acondicionadas con una gran bocina derramando canciones y publicidad de locales aledaños ¡superaban los decibeles permitidos, los había medido con una app desde su celular! Pero; “no señor, ese no es un instrumento fiable. ¿Qué? Nosotros tampoco tenemos manera de medirlo, pero podemos instar al sujeto a que modere su volumen… No, no podemos multarlo porque no hay manera de probar que infringe una ley… Sí, hablaremos con él… ¿Con todos? No, son muchos y… pues nosotros… pus no nos damos abasto patrón pero… pus si me ayuda a ayudarlo podremos ayudarlo… no sé, si nos patrocina podemos poner un compañero de planta en la esquina y así él indicará que bajen el volumen a quien venga pero… pus… ¿Qué le gusta por ese jale, un Sor Juana?”
Los había mandado al carajo, apenas sacaba para sus gastos y ellos querían…

-Arrrgggg!!!! –Le salió gutural desde el fondo del estómago.
Los puños demasiado cerca del cristal que reflejaba su rostro, lo mantenía así apenas consciente, sentía grandes deseos de tomar ese cristal y arrojarlo lejos, destruirlo, escuchar los vidrios al caer. ¡Pero no podría, no con ese maldito ruido!

Había perdido la noción del tiempo encerrado en el baño pero las repeticiones del mismo comercial ya pasaban de las 20, inundaban todo el local, se estrellaban en el cuarto de baño y retumbaba en sus cienes, podía ver el reflejo de sus venas saltar de manera descontrolada.

-¿Qué carajos le pasa?

Lanzó la puerta de un manotazo y enfiló a la salida. Agarró la taza de café, inclinándola para que se derramara hacía adelante, lejos de su mano. La vio frente a su local, estacionada en doble fila, el sonido estancado; en la misma pista, en el mismo lugar, apuntando hacía su local, ¡sin conductor!

-¡El colmo! –Intentó cruzar la media calle que lo separaba para bajar el volumen pero un auto se lo impidió, lo obligó a retroceder derramando de nuevo café sobre su mano. El local era esquina, al cruzar el peatón tenía la preferencia pero, en esa ciudad…
Esperó el pasó de tres vehículos más, ninguno tuvo intención de bajar la velocidad, sin importarles el famoso “uno y uno” instaurado por el gobierno el año pasado.
Resoplaba, sintió (nunca le había pasado) el palpitar de las venas en su cabeza, un ojo comenzó a saltarle a manera de tic. Cruzó la calle sin mirar, concentrado en el origen de la estridencia. Con cada paso, el sonido aumentaba en su pecho, retumbando desde dentro, aceleraba su avance, aumentaba su fuerza, la presión, los saltos de las venas crecía, sintió la cabeza a punto de explotar.

Lanzó el resto del líquido contra la bocina y ésta seguía lanzando anuncios contra él. Rabioso la pateó, derribó la motocicleta y la bocina perdió la conexión al reproductor musical. El silencio no llegó, el ruido de la ciudad; los vehículos pasando junto a él, asustados, aceleraban, creciendo más el dolor.
Miraba con las orbitas salidas y teñidas de rojo. Deseaba acallar todo, asesinar el ruido.
Un joven con el rostro preocupado se acercó, no hacía él, buscaba el vehículo en el suelo. Agachado, intentaba levantarla y descubrir el desastre que lo dejaría sin empleo. La taza vacía lo alcanzo en el centro de la nariz, el dolor nublo su vista; todo fue negro hasta el final. Lo último que sintió fueron un par de dientes desprenderse de manera violenta.

Tomando calles en sentido contrario la policía logró abrirse paso, vociferaron no más de 4 palabras. El chico tenía el… solo por la dentadura desencajada adivinaban lo que fue un rostro. Uno vomitó y el resto desenfundaron sus viejas armas.
El ruido de las sirenas lo despertó, lo traslado a otra realidad; el recuerdo de la mordida negada. Atrapó entre sus manos la bocina exánime y, con el girar el cuerpo, intentó arrojarla al origen de aquel otro monstruo.
Una bala terminó con su vida.
El resto de las balas, testigos afirman fueron más de 5 detonaciones, terminaron estrelladas en los negocios vecinos y una más acabó dentro de un curioso.
“Fue un disparo del maníaco asesino. Estaba armado. Nuestra valiente policía hizo una impecable intervención que, por desgracia, terminó con la vida del inestable mental.”
Fueron las declaraciones del presidente municipal. Añadió las nuevas medidas para el control de armas, el canje de éstas por enseres domésticos y la promoción, por todos los medios, de esta campaña: anuncios en el periódico local, espectaculares, comerciales de televisión y perifoneo.

 

Enrique Espejo Aguila, “Esagui”.

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. 3 abril, 2015 en 4:55 AM

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