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“La herencia” Cuarta parte. Enrique Espejo Aguila.

No me gusta hacer entradas tan largas y difíciles de digerir mientras te tomas un café. Es por eso que decidí mutilar este texto de poco más de 3,300 palabras. Observando la reacción de los lectores será la periodicidad con que aparezcan el resto.
Retomando viejas costumbres en este blog les pido me dejen sus comentarios, sugerencia, críticas de todo tipo o cualquier observación que puedan hacerme, soy novato en las letras y solamente destrozandome aprenderé.

Puedes leer el capítulo anterior aquí.

La herencia.
Cuarta parte.

El evento marcaria al abuelo en lo más profundo de su ser. Las noches eran invadidas por los recuerdos aun frescos a podredumbre. Inmune a los efectos del sueño, los días transcurrían en una neblina sin control, las horas se desvanecían de un pensamiento a otro, seguidos de unos minutos en su lento y fatídico transitar, con una calma atormentada por las imágenes apoderadas de su mente.

En la búsqueda de acallar los gritos se acercó a Doña Milagros en un pueblo vecino. La curandera más afamada de la región no vio en él sufrimiento alguno que sus plantas pudieran aliviar en el somnífero efecto de su preparación.
-Tú no estás enfermo, estás invadido por espíritus que solamente tú debes enfrentar- Le dijo con tan solo entrar a su casa. –Puedo darte paz sin sufrimiento y ayudarte a olvidar, pero eso solo les dará más tiempo para que ellos no te olviden.
Salió de la vieja casa con un libro y la orden de relatar en él su historia tantas veces como hojas blancas hubiera. La paz volvería, el libro atraparía a los espíritus hasta que tuviera la fuerza para enfrentarlos.

Cuando al fin lo terminó, consideró abandonar su responsabilidad en la iglesia del pueblo, dejar ahí el libro, que fueran ellos los encargados de lidiar con tanto sufrimiento.
Nunca tuvo la fuerza, con solo pensarlo incrementaba la carga del libro, su pasta aumentaba de temperatura, ellos lo sabían, no solo robé el oro y la plata de la santa Iglesia, también había asesinado a 12 de sus soldados, sus defensores, sus sacerdotes, algo a lo que nunca encontraría absolución.

Pretendiendo encausar tanto mal en un mejor destino, el libro sobrevivió a las generaciones hasta llegar a manos de Javier, el único desapegado a la religión y con la mente abierta a otras realidades.
Depositario de la confianza del abuelo fue el heredero del fatídico libro y su nueva misión; a cambio de comprensión y lucha contra la pesadilla que entre sus hojas guardaba, podría obtener parte del oro que había provocado tanto sufrimiento. Yo, con todas las graves necesidades que tenía encima me había convertido en el digno heredero de una parte de la fortuna del abuelo, a cambio tendría que soportar revivir el pasado.
Javier lo narraba todo mientras seguía cavando, no me dio tiempo de digerir la historia, justo al terminar había logrado sacar de las entrañas del pasado una bolsa que colocó sobre mis manos aún temblorosas. Centenarios, decenas de monedas de oro era mi premio por ser parte de tanto sufrimiento.
Junto a mi Javier dijo -12 soldados muertos. El abuelo fue un simple espectador que no soportó lo aquí ocurrido, tras defenderse del primero, el mismo que te atacó a ti, encontró entre sus pertenencias el oro. Fue así como entendió el origen de esa matanza, cerca del cuerpo enterró la bolsa y aprovechando que conocía mejor la zona buscó al resto. Solo encontró a 12, los rezagados, los ambiciosos, los que debatían si regresar a su pueblo o no, a algunos los encontró enterrando el dinero, planeaban desaparecer un tiempo y después volver por ese tesoro. El abuelo los desapareció para siempre y quiso destinar el oro para una mejor causa, la familia.-
Era envidiable la fortaleza y el valor del abuelo pero, se equivocó, no era solo eso lo envidiable.

El regreso al auto lo hicimos juntos y en absoluto silencio, necesitaba cavilar el gran secreto del abuelo que ahora me era confesado, solo a mí después de Javier. El regreso a la ciudad lo hice solo yo, acompañado de una gran carga y ambiciosos planes poblando mi mente.

La noticia de Javier llegó a la familia una semana después. Encontraron su cuerpo destrozado junto a la carretera que sale de la ciudad, seguramente algún trailero le echo el vehículo en una distracción, concluyeron las autoridades, conociendo las aventuras de Javier nadie lo puso en duda. Poca fue la familia que se reunió en esta ocasión, dejando en claro que ningún evento volvería a reunirla totalmente como en los tiempos del abuelo.

Puedes leer la continuación pronto.

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