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Día de muertos. Comida 4-5.

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Comida mexicana

México es un país con una rica tradición culinaria que se refleja en cada festividad importante; en septiembre, toda la comida para una noche mexicana como el pozole, las tostadas o la tinga; en el mes de diciembre, el rico ponche; en enero no puede faltar una buena rosca de reyes y un chocolate caliente.

Noviembre no puede ser la excepción y es quizá uno de los meses más ricos en tradiciones que tienen que ver con la muerte y los seres queridos que ya están en el más allá, la comida no puede faltar en el Día de Muertos.

Es por eso estimados lectores que en esta ocasión les hablare un poco sobre estos peculiares alimentos que solo encontramos en estas fechas.

Día de muertos. Comida.

En México se le da la bienvenida a estas ánimas con una ofrenda, una mesa o altar sobre el cual se colocan velas, flores y otros objetos para atraer y agasajar a los espíritus. Uno de los elementos importantísimos de una ofrenda es la comida, tanto los platillos tradicionales como los que más les gustaban a los difuntos en vida. Entre ellos destacan algunos alimentos que por su simbolismo han sobrevivido a la conquista y con la fusión de la cocina española ahora nosotros podemos darnos un feliz atascón, pero cuidado, no sea que en una de esas nosotros términos en el panteón por una indigestión.

Pan de muerto.

Comida 4El Pan de Muerto es uno de los alimentos tradicionales que acompañan a la celebración del Día de Muertos, es un pan que encontramos solo una vez al año y empieza a aparecer en las panaderías desde que empieza octubre hasta principios de noviembre. Para ser un pan con un nombre tan fúnebre y serio es un alimento muy alegre, de los más codiciados y queridos por los mexicanos; acompaña a las ofrendas y las cenas junto con un rico café de olla o un chocolate caliente.

Aunque existen versiones de su uso similar en Europa (ya hablamos un poco de eso en anteriores entregas) es muy difícil encontrar información al respecto, además parecer ser que esta tradición no sobrevivió a nuestros días. Mientras la tradición Mexicana de hacer sacrificios y comer carne humana (simbólicamente) se negó a morir. Siendo hoy una de las más importantes y con la perdida de esta tradición en otros lugares, se convirtió en única, 100% Mexicana.

En el pan de muerto, como en tantas otras delicias de nuestro país, se refleja la mezcla de las tradiciones prehispánicas y europeas. Sus orígenes se remontan a antes de la conquista de Tenochtitlán, pero actualmente es una parte indispensable de las ofrendas de la fiesta de Día de Muertos.

Durante la época prehispánica, los sacrificios humanos jugaron un papel muy importante en la vida religiosa; en algunas festividades se fabricaban “alegrías” de amaranto con la sangre de la persona sacrificada. Como los conquistadores rechazaron estas costumbres, comenzaron a fabricar un pan que se espolvoreaba con azúcar roja, como una representación de los corazones de los sacrificados o de las alegrías amasadas con sangre. Estos fueron los orígenes del actual Pan de Muerto, que en algunas regiones del país todavía se espolvorea con azúcar teñida de rojo.

La sabrosa tradición de este pan se inserta dentro de la riqueza de la fiesta de Día de Muertos,  en la que el pueblo mexicano convive alegremente con la muerte. Es increíblemente sabroso pero al mismo tiempo contiene representaciones del cráneo y los huesos de los muertos. Algunos historiadores afirman, sin embargo, que la cruz representa los cuatro caminos del mundo por los que los muertos parten hacia el más allá en la tradición indígena.

Tradicional pan de muerto-La primer parte división pertenece a un rumbo llamado Tlahuiltlampa; que es la región de la inteligencia y la sabiduría. Es la región en donde los guerreros mueren en combate. Aquí Quetzalcoatl rige este rumbo, la serpiente hermosa.
– La segunda parte dividida a un rumbo llamado Cihuatlampa; que es la región donde mueren las mujeres en el parto. Es el lugar de las mujeres guerreras. El lugar lo rige Xipetotec; el que se despelleja, es decir, el que se renueva constantemente.
– La tercer parte dividida en el pan de muerto se llama Huitztlampa; es el lugar de la voluntad y es donde se mueren las personas que sufren alguna enfermedad o mueren ahogadas. El que rige ese lugar, o el guardián de ese rumbo es Tláloc, o Huitzilopochtli; el colibrí zurdo.
-La cuarta parte dividida en el pan se llama Mictlampa, el lugar del descanso; aquí las personas llegan cuando mueren de forma natural. El regidor o el que rige este rumbo es Tezcatlipoca el espejo humeante. El que hace difícil ver tu otro yo, tu guerrero.

Otros historiadores han revelado que el nacimiento de ese pan se basa en un rito que hacían los primeros pobladores de Mesoamérica a los muertos que enterraban con sus pertenencias. En el libro “De Nuestras Tradiciones” se narra la elaboración de un pan compuesto por semillas de amaranto molidas y tostadas, mezclado con la sangre de los sacrificios que se ofrecían en honor a Izcoxauhqui, Cuetzaltzin o Huehuetéotl.

De forma genérica lo que podemos observar es que el Pan de Muerto representa (como su nombre lo indica) a un difunto, y a la vez que nosotros ingerimos ese alimento nos nutrimos y podemos seguir viviendo; así caemos en el principio que muchas culturas prehispánicas tenían acerca de que de la muerte también se sustenta la vida. Y la celebración de los difuntos se convierte en un banquete mortuorio dominado por estos alimentos de diversas formas y sabores.

En algunas regiones del país, se acostumbran incluso los panes con forma de seres humanos o de animalitos. Esto tiene qué ver con las tradiciones regionales. Por ejemplo, en el pueblo de Mixquic, famoso por su celebración de Día de Muertos, se fabrican panes en forma de mariposa, ya que se cree que cuando muere una niña, su alma se transforma en este animalito. Igualmente, la tradición ha variado en cada región y hoy se fabrica Pan de Muerto con semillas, con algún sabor como chocolate o cajeta, alguna fruta o algún relleno.

Sin embargo, lo más usual, especialmente en el centro del país, es el pan con una simulación de los huesos, dispuestos en forma de cruz, y espolvoreado con azúcar blanca.

Calaverita de azúcar.

La muerte para los antiguos mesoamericanos era sólo la conclusión de una etapa de vida que se extendía a otro nivel. En la práctica era común conservar cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban el término de ese ciclo.

Altares como el tzompantli, el cual era una hilera de cráneos de quienes habían sido sacrificados en honor a los dioses y que ensartaban a través de perforaciones en los parietales, y la imagen del rostro del señor del inframundo y los muertos, Mictlantecuhtli, símbolo recurrente en los panteones prehispánicos, eran comunes en la vida de los antiguos mexicanos.

A la llegada y conquista de los españoles se sustituyeron los elementos prehispánicos, las costumbres y la opción a esta particularidad fue crear las calaveras de azúcar, la cual cambió de significado y ahora tiene como función honrar a los muertos.
Para que este cambio se diera se necesitaba la aprobación de los mandos religiosos. Dentro de las cosas que permitieron los conquistadores y en particular los sacerdotes, fue el continuar con el culto a los muertos, rezarles y ponerles una veladora ¡Claro! Con la condición de creer en Dios, de tal forma que este movimiento de culto permaneció a través de las ofrendas y por lo mismo se trató de darle un símbolo a nuestro ser querido por medio de las calaveras, convirtiéndolas en un fetiche.

Estos dulces cráneos son producto de una técnica traída por los españoles: el alfeñique, especie de caramelo o confitura con base en azúcar pura de caña hasta formar una pasta moldeable.

Los estados que originalmente acogieron esta forma gastronómica son Guanajuato, Morelos y el Estado de México, siendo este último uno de los más importantes en la producción del alfeñiques, al punto de realizar una feria anual dedicada a este manjar.

Actualmente la tradicional calaverita de azúcar se elabora con una mezcla de azúcar caliente con un poco de limón que se funde hasta formar una masa líquida, la cual se vacía en un molde para dar la forma de un cráneo. Después, con azúcar glass coloreada se agregan los detalles de forma artesanal, anillos en los ojos, espirales en la parte superior del cráneo y una sonrisa.

Calaveritas con nombreUna de sus particularidades es llevar en la parte superior el nombre de la persona a la que está destinada, ya que es una forma de recordatorio de que lo único seguro que tiene el ser humano es la muerte.

Actualmente, las calaveritas de azúcar también se elaboran con amaranto o chocolate, además de que cada estado de la República Mexicana tiene una manera distinta de hacer alfeñiques, por ejemplo en Puebla complementan el dulce con cacahuates o pepitas, en tanto que en Oaxaca le añaden miel en el centro, mientras que en el Estado de México también los hacen de pasta de almendras.

Estas calaveritas no sólo sirven para recordar a los muertos y el destino que todos compartiremos, son también una forma de agasajar nuestro paladar y mantener una de las tradiciones más ricas de México.

Se acerca el día de muertos y solo en estas fechas podemos disfrutar de estos manjares. Una tradición que comenzó de forma violenta y se suavizo con la fusión de la cocina española. Somos mexicanos, somos la fusión de dos mundos, somos descendientes de los mexicas que se niegan a morir y aún recordamos a sus dioses de manera disfrazada para engañar al dios blanco.
Lo anterior eran ideas de los primeros pobladores que, negándose a dejar morir sus tradiciones, aceptaron las nuevas imposiciones pero recordando la verdadera esencia. Si tomamos en cuenta que el rito a Tonantzin sigue vivo en la zona centro sur, los antiguos monolitos siguen saliendo en la vieja Tenochtitlan y alimentos como estos, formadores de viejas tradiciones, se niegan a morir, entonces, ¿quién engaño a quién?

Todo esto me pongo a pensarlo mientras arranco un huesito de mi pan de muerto, lo sumerjo en el chocolate recién hecho, espumoso y casi hirviendo como me gusta, mientras veo a los ojos a ese cráneo, a la muerte de dulce que me ve con mirada y sonrisa burlona, ¡tonta! Si supiera que sigue ella, porque a mí “la muerte me pela los dientes”.

Comida 2 Pan y chocolate

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