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“Escritor Novato” Enrique Espejo Aguila

<<Hace algunos ayeres me encontré con esta convocatoria (realmente no recuerdo como di con ella) y me pareció interesante. Tengo muchos problemas a la hora de escribir, pero el más considerable es forzarme a hacerlo, algunas veces salen cosas interesantes cuando puedo domar la fuerza de voluntad, pero no siempre lo hago. Es por eso que ponerme objetivos/retos de este tipo me ayuda mucho y me obliga a hacer las cosas…con resultados diversos, como en este caso.
Ya cerrada la convocatoria y ver que mi texto no salio seleccionado no me desanime, al contrario me sirve de estimulo para seguir mejorando y compartirlo en busca de críticos a mi trabajo, que puedan ayudarme a seguir puliendo esta habilidad.
Después de haber concursado decidí subir el texto a Novelistik plataforma de la cual ya hable antes y a la cual os invito para apoyarme si les es posible haciendo click aquí y siguiendo los pasos que ahí se indican.
Ahora bien, estoy consiente que no todos pueden hacer lo anterior y que algo que agrada mucho de los blog es el libre flujo de información, por lo cual decidí compartir también aquí el material…solo que nunca esta de más pedir algo de ayuda jajaja
Así que sin más, aquí pueden leer uno de los últimos textos que termine, espero puedan ayudarme con sus comentarios, criticas, sugerencias, ideas, correciones o todo aquello que se me escapo, de antemano muchas gracias.>>

Escritor novato.

“¡Tienes que sujetarlo! No lo puedes dejar escapar”. El destello en el filo de sus dientes provocaba un miedo que se hundía en mi piel, negro como la noche, solo distinguía su silueta, no podía verlo con claridad, pero estaba ahí, sujeto al cuello con una soga, tiraba con mucha fuerza, mi puño apretado sobre el otro extremo ardía, apretaba con una fuerza sobre humana pero él seguía tirando, solo se detenía para lanzar sus fauces sobre mí. Me obligaba a no sentir nada, ignoraba sus dientes, solo sentía el golpe. Se detenía, iba sobre mi muñeca, ¡dolía!, “no lo sueltes”, mi puño sudaba, todo mi cuerpo se empapaba, sentía como la cuerda se iba escapando entre mis dedos, “esa bestia llegará a tú familia, no lo sueltes”, se detenía de nuevo para lanzarse contra mi pecho, me faltaba el aire, los dientes rozaban mi piel pero el impacto era enorme. Ladraba, enormes gritos de ferocidad. Podía ver el rostro de mi esposa, sus ojos abiertos, no comprendía pero el pánico la invadía en todo su ser. “Tu hija, no puedes soltarlo, presiona con fuerza”. Las fuerzas me abandonaban, los ataques eran más frecuentes, la bestia tiraba con fuerza sobrehumana. Un golpe frío sobre mi puño y no pude más, se abrió, pude ver escapar los restos de la soga, mi mirada no resistió ver a la bestia abalanzarse sobre su presa y vi mi mano, envuelta en ardor, sangre y solo tres dedos…

Mi pecho subiendo y bajando rápidamente de manera incontrolada es lo primero que siento, me obliga a respirar más y muy rápido, el olor se ha impregnado y satura el lugar, si no fuera que yo lo provoque seguro vomitaría. ¿Pero qué podría vomitar? No sé cuánto tiempo llevo aquí, mis labios resecos, el simple roce de ellos es una tortura. Mi garganta es un infierno, mis ácidos comienzan a comerme por dentro. Pero la electricidad…esa shock de dolor. No quiero abrir los ojos, no quiero ver, debe doler menos si no soy consciente de ello, esta ansiedad es repugnante.
Respira, levanta la cabeza, estira el cuello, supera el dolor, no pienses, no pienses, no pienses. La facultad, Morelia ella lo dijo, no es seguro, ¿por qué?
Iba estupendo todo, poca gente, pero estaban interesados. ¡Pedro! Estaría pasando lo mismo que yo, ¿también se lo llevaron? ¿Fuimos los dos? ¡Sí! Pero camionetas diferentes. ¿Dónde estará?
Mis dedos, ¿qué pensara Lucía? Ella sabrá lo que paso, me lo advirtió, pero no, ¿por qué? Duele, realmente duele, duele mucho… ¿otra vez?…necesito descansar.

-Pedro, la comida está “bien” pero sabes que un chilango adora sus comidas toscas, esto está demasiado preparado. Lo que sí, la vista es fenomenal, demasiados templo para mi gusto, pero los palacios y las casonas son impresionantes.
-Espera a ver la Facultad.
Tenía razón, era majestuosa. Y la conferencia fue una delicia, mi pánico escénico no causó problemas esta vez a causa del público, bastante escaso, pero muy participativo. Juan el recién egresado y organizador del evento se disculpó un sinfín de veces, no entendía como algo que pedían constantemente los alumnos había recibido tan escasa participación. Sin embargo los gastos no serían problema, lo que tranquilizo a Pedro. Nos dio la segunda parte de lo acordado y comenzamos con la conferencia sobre el libro que actualmente escribía.
Para este libro que manejaba temas tan controversiales me sorprendió la naturalidad con que lo tomaron, la poca asistencia me dio oportunidad de generar intimidad, preguntas y respuestas, compartir anécdotas y mis métodos de escritura, la búsqueda de inspiración el tema central y los chicos de lentes obscuros fueron sensacionales, documentando todo.

Pedro tenía razón, el acueducto es mágico, pero de noche es producto de la fantasía. Tuve que obligarlo a desviarnos para volver a pasar por ahí, el último video de la noche y a descansar para salir muy temprano. Las camionetas… ¡Yo tengo las camionetas! Sí, me parecieron de lo más extrañas, 3 Suburban’s negras y polarizadas, ¡mi paranoia me estaba advirtiendo!
No supe cómo nos encerraron, yo veía las armas, de estar detrás de la puerta pasaron a estar frente a mí antes de que mi celular tocara el suelo del auto, cuando intente recuperarlo mi cuerpo salió volando por la puerta, Pedro sangraba por la boca y lo seguían golpeando, no pude decir nada, chocar contra el fondo de la camioneta me llevó a un mundo nuevo. Mi reflejo en los lentes obscuros me sumergió en esta pesadilla. “El jefe quiere verte. Vámonos perro, tenemos la carga.”

“Yo creo que para ser escritor basta con tener algo que decir.” Aún temblaba por el agua que se había adherido a mí y succionaba con fuerza la tela de mí playera que podía alcanzar al contorsionar el cuello. Una figura alta y delgada, con una sonrisa que se mofaba de mi humillación se acercó hasta el centro de lugar. “¿No pudiste avisarnos que querías cagar?” Mi mirada cansada era testigo de cómo la sangre que aun goteaba de mí, perdía tonalidad con el agua. No soportaba ver la silueta de aquel hombre, la puerta abierta dejaba entrar una luz cegadora que no me permitía conocer a mi verdugo. “Mira, a la chingada tus cochinadas y al grano. Yo tengo mucho que decir y quiero ser famoso como aquel pinche narco colombiano que escribió su vida en un mendigo libro jodido. Soy muy pendejo para las letras, pero soy un chingon cuando me propongo algo, mis enemigos lo saben…tú debes de saberlo…tú que eres tan “leido” seguro sabes cómo le hacían los indios para ser tan fuertes e inteligentes como sus enemigos…siempre funciona, ojala funcione con dos…”
No me atrevía a levantar la mirada, solo lo hice cuando a mis pies cayo lo que escupió, un pequeño dedo.

Enrique Espejo Aguila. “Esagui”

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