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Los mitos que nos dieron traumas y cien discursos de identidad nacional

Pues bien, como comenté en mi aportación anterior (intro a los mitos que nos dieron traumas), en esta entrada no solo hablaré de mi opinión del libro a nivel psicológico, prácticamente eso lo he deslizado a un segundo plano, la idea primordial es aterrizar los pensamientos de algunos pensadores de antaño que ya han opinado del tema y cuál es la diferencia entre ellos, este nuevo libro, con este “nuevo” esquema  y que termina saliendo de todo eso, más o menos.

La cultura no se mueve como un robot que tiene muchos componentes, sino como una música que es de una sola pieza interminable. Ya estamos cansados de tanta inteligencia y tan poca sensatez dice Pablo Fernández Christlieb y precisamente esta frase pasaba por mi mente cuando terminé “Los mitos que nos dieron traumas” ¿Por qué? Pues va…

Se ha hablado hasta el cansancio del tema, nuestros traumas han pasado por la pluma de Samuel Ramos, Roger Bartra, Octavio Paz, José Gorostiza, Ermilio Abreu Gómez, Carlos Fuentes, Sheridan, Jorge Ibargüengoitia, Emilio Uranga, José Gaos y bueno, hasta Erich Fromm (un pilar importante en el libro de Zunzunegui) ha metido su cuchara. Y en 2012 por si ya se había olvidado todo lo dicho aparece Juan Miguel Zunzunegui para rememorar.

Voy de lo antiguo a lo novedoso solo para contextualizar:

Para 1934 Samuel Ramos decía que el mexicano padece de un complejo de inferioridad, como apuntando a que eso de la psicología es buen morbo alimento informativo a la sociedad, además tomó como puntos base a Adler (psicoterapeuta y médico) y a Young (psicólogo y psiquiatra) para explicar las neurosis mexicanas.

Con 15 años transcurridos aparece Paz y retoma la frase, colgándole el molcajete y su estilo: “en el fondo del sentimiento de inferioridad yace la soledad (qué bonito suena); de allí que el mexicano se proteja de la realidad con múltiples máscaras” (o arquetipos según Young).

Bartra agrega como dando la última palabra en 1987, que las más diversas expresiones de la filosofía de lo mexicano giran en torno a esa idea, y en base a esta pequeña explicación se han desmenuzado un sinnúmero de interpretaciones. Que la cultura mexicana de la primera mitad del siglo XX creó el arquetipo de un mexicano primitivo, bárbaro, ignorante y proletario. Y entonces hace un ejercicio interesante en el que sienta en un austero café a un  puñado de intelectuales a ejercer su opinión del gastado tema. Sintetizo la idea de algunos:

-Emilio Uranga pelea a Ramos que el mexicano no es “idealmente insuficiente” sino idealmente inferior.

-Paz repela que ni una ni otra, que el mexicano solo tiene la sensación de soledad pero Ramos lo calla diciendo que él solo habla de máscaras.

-Leopoldo Zea agrega que no debemos crear una máscara más, la del mexicano o lo mexicano, que sirva nuevamente para ocultar esa realidad humana que con tanta  dificultad ha podido hacerse patente.

En una mesa vecina 3 extranjeros que han escuchado la conversación comentan:
– Cuando los intelectuales mexicanos describen su carácter nacional, casi invariablemente se describen como una nación de mentirosos, de destructores buscadores de poder, de sufridas mujeres resentidas y de engreídos hombres de presa- dice Michael Maccoby

-Si- afirma Gordon W. Hewes- consideran los rasgos de los más desamparados como símbolo de toda la nación.

– Uno de estos intelectuales, Octavio Paz, parece creer que todos los mexicanos son sádicos. Según los datos de nuestra encuesta sólo el 30% de los hombres tienen tendencias sádicas- dice Erich Fromm.

-Además- agrega Maccoby- tengo la impresión  que los autores mexicanos subestiman los efectos de vivir a la sombra de Estados Unidos en los sentimientos de inferioridad.

Creo que aquí Sheridan cerraría con su satírico: “a mí no me incluyan”.

Y entonces regreso a 2012 donde parece ser que la vida nos sonríe y Zunzunegui ayudará a curar el trauma de la conquista, todo esto en 5 sesiones de psicoanálisis que ayudarán a superar el pasado.

En la primera sesión el autor viaja al inconsciente del mexicano, en la segunda trabajan con los traumas de la conquista, la tercera es sobre traumas guadalupanos, la cuarta traumas revolucionarios y en la última sesión se otorga el diagnóstico al señor México.

Me gusta el inicio del libro, (me suena muy a Jorge Ibargüengoitia) asomándose el humor tan característico del autor (que tanto me gusta), llevando a la identidad nacional hasta el punto de lo ridículo y tosco como técnica psicoterapéutica, cumpliendo así el texto humorístico una doble función: mostrar el empequeñecimiento que implica vaciar en esos moldes los ingredientes esenciales de la cultura nacional, y el absurdo de buscar en él oráculos sobre el origen y destino del país.

 

A mi parecer, las sesiones terapéuticas que Zunzunegui maneja, son muy básicas, mucho más por ser psicoanálisis, pero eso la sociedad no lo sabe, y si lo sabe no le importa, lo que le importa es la cura, a como dé lugar, esa es la parte brillante del libro, que da solución como buen libro de superación personal a modo de mofa, pues en el imaginario social al parecer gustan mucho estas soluciones.

 

Otra cosa muy buena del libro es la sencillez con que se desarrollan las palabras,  como para entrar al más profundo rincón de los hogares mexicanos, como esas canciones de Luis Miguel, que son tan del dominio popular, tan cotidianas.

 

Y con lo anterior entro un poco en conflicto, pues hay partes que comprendí hasta tener leído todo el libro, por ejemplo que para que este tipo de textos realmente sean leídos se requiere precisamente la estructura que le dio el autor pero definitivamente hubo un discurso dominante que apareció de la primera página a la última, y es ese cansado juego de palabras del siempre y el nunca:

 

–   El mexicano siempre es la victima

–   El mexicano nunca gana en el futbol

–   El mexicano siempre será marginal, pobre, tarado, analfabeta, rata, flojo. Y para no gastar saliva, inserte su comentario ofensivo aquí___________________

 

Y entonces ahí va la masa tonta a decir, “si, es cierto, así somos TODOS los mexicanos”, que los cangrejos, que el axolotl, que los derrotados, que los hijos de la chingada (dependiendo del autor de su preferencia), y hay cierta razón en eso, mexicanos así los hay, el problema es que hasta finales del libro el autor deja de decir que “TOOOODOS los mexicanos”, cambiando por “el mexicano promedio”, y diciendo algo que me pareció molesto:

“Y es que el mexicano promedio de hoy, el cotidiano, EL QUE NO SE DEDICA A LA HISTORIA, y solo aprendió los mitos y traumas, tiene esa tendencia inconsciente a sentirse más indio que español.”

 

Y entonces el autor es historiador, y me suena a que todos los mexicanos somos ratas, idiotas, conquistados, flojos, bla, bla, bla, menos el (es mi percepción).

 

Pero en fin, es una opción más a conocer cómo anda “la identidad del mexicano”, un tanto repetitiva a mi parecer, quiero creer que fue otra estrategia del autor, queriendo crear la sutileza que caracteriza a Paz, pero a mi parecer no lograda, Zunzunegui tiene ese humor ácido que lo hace muy él, es mejor que no se meta con las sutilezas, creo no encajaron muy bien.

 

Es un buen libro sobre el tema, no el mejor que he leído, (ni aun metiendo “psicoanálisis” a lo Fromm) pero como comparativo es bueno. Hoy el discurso dominante del mexicano promedio sigue vivo, pero también es cierto que en la era donde la información fluye como el agua van creciendo a la par mexicanos más conscientes, o habremos mas personas conscientes que vamos dejado la mentalidad del héroe agachado, por lo que sí dejo para el final y que probablemente a muchos tras leer este libro nos pasará por la mente en lugar de decir, “si es cierto, así somos los mexicanos” prefiero decir como Sheridan: “a mí no me incluyan”, o como dice Brozo, “no nos metas en el mismo costal”

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. 3 diciembre, 2012 en 5:30 PM
  2. 2 noviembre, 2014 en 4:31 PM

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